Artículo de opinión de Juan Jesús Valle, Concejal PSOE Algete

Hay decisiones políticas que unen y otras que, sinceramente, cuesta entender. Y la intención del Gobierno municipal de Algete de quitar el nombre de Joan Manuel Serrat a un edificio público entra, para muchísima gente, en la segunda categoría.
Precisamente esta semana, Serrat ha vuelto a recibir el cariño de todo el país con el Premio de Honor de la Academia de la Música. Un homenaje emocionante, lleno de aplausos y respeto, que recordó algo muy simple: Serrat forma parte de la vida de varias generaciones. De nuestra memoria colectiva. De canciones, momentos y emociones compartidas durante décadas. Por eso sorprende todavía más que en Algete se quiera borrar ahora su nombre de un edificio municipal como si fuera algo molesto o prescindible. Y lo más importante: no hace ninguna falta hacerlo. Nadie está cuestionando la figura de D. Cruz Epifanio Mateo Fernández. Todo lo contrario. Pifa es parte de la historia cultural de Algete. Profesor, músico, impulsor de la Banda Villa de Algete, creador de iniciativas culturales y persona querida por muchísimos vecinos.
Su trayectoria merece reconocimiento público y un homenaje a la altura. Pero precisamente por eso no se entiende que ese reconocimiento tenga que hacerse eliminando otro nombre ya consolidado y querido por mucha gente. Además, conviene recordar que el nombre de “Joan Manuel Serrat” no apareció por casualidad. Fue una iniciativa promovida en gran medida por Margarita Rosado durante su etapa como Concejala de Cultura, dentro de una apuesta por acercar Algete a grandes referentes culturales de nuestro país.
Una cosa no quita la otra: Algete puede reconocer perfectamente a Epifanio sin borrar a Serrat. No son figuras incompatibles. No hace falta enfrentar cultura local y cultura universal. No hace falta generar un debate artificial donde nunca lo hubo. De hecho, existen muchísimas alternativas positivas y sensatas: dedicar a Epifanio un nuevo espacio público, un auditorio, una sala cultural, una escuela de música, un certamen o incluso concederle mayores honores institucionales. Eso sería sumar. Porque las instituciones deberían servir para reconocer, unir y construir orgullo colectivo. No para entrar en guerras simbólicas que dejan una sensación incómoda y innecesaria.
Al final, la mayoría de los vecinos probablemente piensa algo muy sencillo: Epifanio merece un homenaje. Y Serrat también merece respeto. Y ambas cosas pueden convivir perfectamente en Algete.









