La exposición al humo de incendios forestales puede afectar la salud de manera prolongada, incluso meses después de que el fuego se haya extinguido. Un estudio reciente, el primero que analiza a fondo este impacto en los principales tipos de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, señala la importancia de revisar las políticas de prevención y protección comunitaria ante este riesgo creciente.
La contaminación por partículas finas (PM2.5) presente en el humo derivado de incendios forestales no desaparece rápidamente: puede mantenerse en el aire y afectar la salud incluso hasta tres meses después de que el incendio haya terminado . Estas partículas, más pequeñas y dañinas que las PM2.5 habituales, contienen compuestos carbonosos capaces de desencadenar inflamación y estrés oxidativo en el organismo.
La investigación, realizada con datos de más de 21 millones de hospitalizaciones por enfermedades cardiovasculares y respiratorias en 15 estados de Estados Unidos entre 2006 y 2016, relacionó las tasas de ingreso hospitalario con la exposición a estas partículas. Entre las afecciones más asociadas se encuentran la hipertensión, enfermedad cardíaca isquémica, arritmias, accidente cerebrovascular, neumonía, asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Barrios vulnerables y fumadores, poblaciones con más riesgo
El estudio también identificó que los efectos negativos del humo se notan con mayor intensidad en comunidades con condiciones socioeconómicas desfavorables: zonas con menos educación, más desempleo, viviendas de menor calidad y mayor pobreza, además de aquellos con historial de tabaquismo.
Un método innovador para medir la exposición y el daño.
Para analizar el impacto, los investigadores usaron un diseño autocontrolado donde cada persona actúa como su propio control, comparando su salud durante períodos con y sin exposición al humo. Esto reduce el sexo por factores individuales como la genética. Así lograron un análisis más confiable de la relación entre la exposición intermedia al humo y las enfermedades estudiadas.
Más incendios, más contaminación y más daños en la salud pública
La frecuencia y duración de los incendios forestales han aumentado en las últimas décadas, llevando a un empeoramiento en la calidad del aire y un aumento de enfermedades relacionadas con la contaminación. Según Yaguang Wei, autor principal del estudio, incluso unos pocos días de humo pueden generar problemas prolongados. Esto obliga a superar las estrategias tradicionales de control del aire, que no alcanzan a mitigar el daño una vez que el fuego ha cesado.
Actualmente, quemas controladas se utilizan mayormente para evitar daños a las propiedades, pero su uso debería orientarse específicamente a reducir riesgos para la salud pública.
Recomendaciones para vecinos y autoridades
La decana Rosalind Wright, también coautora, recuerda la necesidad de que la población tome precauciones durante y después de los incendios, como el uso de mascarillas adecuadas y filtros de aire HEPA, cada vez más accesibles. Además, llama a una eficaz coordinación entre autoridades de todos los niveles para proteger mejor a las comunidades.
Hacia una gestión moderna y preventiva de incendios
Los expertos coinciden en que es urgente mejorar la gestión de incendios forestales, considerando no solo la protección de bienes materiales sino sobre todo la salud de la población. Los efectos del humo no terminan cuando la llamas se apagan, y es necesario que tanto profesionales de salud como autoridades municipales incorporen este conocimiento en sus protocolos y planos de acción.










