Juliana, vecina de Colmenar Viejo, ha cumplido recientemente 100 años y su vida es un espejo de la historia del municipio. Esta centenaria vecina nos abrió las puertas de su casa, siendo testigo de la transformación histórica de este pueblo madrileño, desde la Guerra Civil hasta la actualidad. Juliana rememora una vida de trabajo, humildad y la fuerza de los lazos vecinales que, según ella, se han perdido con el tiempo.
El pasado 31 de octubre, Juliana, vecina de Colmenar Viejo, alcanzó el siglo de vida. Desde Crónica Norte, tuvimos la oportunidad de hablar con ella el día anterior, acompañada de sus hijos Teresa y Antonio, para celebrar su inminente cumpleaños y revivir un siglo de experiencias en el municipio. Desde su perspectiva como matriarca y testigo de innumerables cambios, nos ofrece una visión privilegiada de un Colmenar muy diferente al de hoy. A continuación, ofrecemos un extracto de la entrevista donde Juliana comparte sus memorias y reflexiones sobre la vida de antes y el progreso actual.
CN: Juliana, cuéntenos ¿cómo era Colmenar Viejo cuando usted era pequeña?
Juliana: “Pues cuatro casitas. Muy pequeño. La torre, sí, la iglesia también, pero todo era muy pequeño. Luego ya ha ido subiendo y subiendo. Pero Colmenar no era como ahora ni muchísimo menos. Las calles eran de tierra. No había asfaltado. Había zanjas por medio y todo.”
CN: ¿De qué trabajó?
Juliana: “De fregar casas. Mira, tengo cicatrices aquí que entonces eran los pisos de piedra y me daban una banquetita para que me pusiera. He trabajado mucho, pero bueno, eso es normal.”
CN: ¿Y cómo era la vida y las costumbres cuando usted era pequeña aquí en Colmenar? ¿Cómo se vivía?
Teresa (Hija): “Pues muy austeramente. Ella nos ha contado siempre que tenía un poquito. Y bueno, pues gracias al trabajo de su padre, que era leñador y vendían gavillas de leña para panaderías y para casas que se lo cogían y bueno, pues muy humildemente. Las casas eran pequeñas, no había ni servicios ni agua dentro de las de las casas, muy austeramente y muy pobremente.”
Juliana: “Para ser ocho hijos en casitas pequeñas, pues no me digas, unos en sillas por la noche por la noche aquí en dos carreras de sillas para dormir, un par de ellos. Y la vida pues muy humilde no era como ahora. De todas maneras, no éramos de los más pobres de Colmenar.”

CN: Al ser un pueblo pequeño en esa época ¿se conocían todos los vecinos?
Juliana: “Sí. Fulanito… así como ahora no hay, no conoces a nadie. Pero antes sí, cada uno tenía su mote y se le llamaba así. Nos arreglábamos divinamente y estábamos más unidos. Todas las vecinas, siempre te ayudaban. Nos conocíamos todos.”
CN: ¿Y cómo se divertía usted de pequeña?
Juliana: “¿De pequeña? Ah pues, saltando a la comba. Y jugando como nos tocaba jugar. No había nada. Me he divertido mucho. Eso también. Y luego ya empecé a ir al colegio. La escuela estaba muy bien. Fui a Isabel la Católica. Luego me tocó pues ganar un poquito como fuera.”
Juliana nos cuenta la procedencia de su familia, ligada a un rincón muy específico del Colmenar Viejo histórico
Juliana: “En la calle de las Huertas. Sí, había una fuente. Justamente salías de casa de mi madre, entrabas y había una fuente en la puerta. Así que mi madre se llamaba la tía Modesta, la de la fuente.”
Teresa (Hija): “De toda la vida. Todo el mundo la conocía por la tía Modesta la de la fuente.”
CN: ¿Y cómo ha cambiado Colmenar Viejo a lo largo de todos estos años?
Juliana: “Ay, madre ¿Cómo ha cambiado? Con mucho de todo. Yo, la última vez que he salido, Dios mío de mi vida, lo que hay, hay otro … no otro Colmenar, otro Madrid. Sí, y más que están haciendo. A pesar de tantos años, pues ha cambiado muchísimo, muchísimo.”

CN: ¿Qué cambios que ha visto usted a lo largo de toda su vida han sido los que más le han impactado?
Juliana: “Pues cuando la guerra lo pasamos muy fastidiado porque ya tuve que salir mis padres con los que éramos y salir al campo y en en una finca, quedarnos por la noche tapados con una manta, lo hemos pasado mal. Luego, estaba planchando en casa de mi hijo, el pequeño y dice ‘¡Mamá, mamá, mamá! Ven, ven, ven, ven, ven’ cuando cayeron las Torres Gemelas y las vi caer. Qué horror fue aquello.”
Teresa (Hija): “Eso sí que la impactó. Eso fue muy duro.”
Teresa (Hija): “¿Te gusta más la vida que se lleva ahora o la que se llevaba antes?”
Juliana: “La que se lleva ahora. Porque antes era completamente distinto. No nos privamos de nada. Tenemos de todo, a Dios gracias.”
CN: Ahora nos tiene que contar cuál es el secreto para llegar a su edad y estar tan bien como está usted y tan guapa
Teresa (Hija): “Es muy trabajadora, muy luchadora y siempre la matriarca, que a todos nos ayuda en todo lo que ha podido. Siempre, siempre. Y ha sufrido mucho, mucho, mucho, mucho.”
Juliana: “Y luego, tengo unos hijos muy buenos.”
CN: A sus 100 años ¿cuál es el mejor consejo que puede dar a la gente?
Juliana: “Pues no sé, pero que sea buena, que no se metan con nadie y que hagan las cosas en condiciones que no las hacen. Pero bueno. A ver qué voy a decir. Pues que sea todo lo mejor posible. Y no se gana nada con ser malos.”










