El transporte público madrileño se convierte en una biblioteca rodante con la instalación de miles de láminas literarias en trenes y autobuses. La iniciativa «Libros a la Calle» regresa para amenizar los trayectos de los vecinos con fragmentos de autores premiados y grandes clásicos.
La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha la 28ª edición de Libros a la Calle, una campaña que ya es un clásico en la red de transportes y que busca que el tiempo de viaje se convierta en un momento de desconexión y disfrute literario. En total, se han distribuido 7.200 vinilos decorativos que contienen fragmentos de 21 obras diferentes, ubicados estratégicamente en el interior de los vagones de Metro y en los autobuses tanto urbanos como interurbanos.
Esta propuesta no es solo una decoración para los vehículos, sino una invitación directa a sumergirse en la lectura. José María García, viceconsejero de Vivienda, Transportes e Infraestructuras, inauguró la campaña en la estación de Ciudad Universitaria destacando que “Metro es el mayor salón de lectura de la región”. Según explicó el viceconsejero, esta medida “supone una oportunidad única para que un número inmenso de personas se sienta animado a leer y a mejorar su experiencia en sus desplazamientos, ya sean habituales u ocasionales”.
Un escaparate para los mejores escritores actuales
La selección de textos de este año es especialmente ambiciosa, ya que cuenta con autores que han recibido los galardones más importantes del panorama nacional recientemente. Entre los nombres que los pasajeros podrán leer mientras esperan su parada se encuentran Manuel Rivas, último Premio Nacional de las Letras Españolas, y Álvaro Pombo, reconocido con el prestigioso Premio Cervantes.
La variedad de géneros es otro de los puntos fuertes de esta edición. No solo hay narrativa y poesía, sino que se ha dado un espacio relevante al cómic con Bea Lema, al ensayo con Alfredo González Ruibal y a la literatura dramática de la mano de María Velasco. Para los más jóvenes, o aquellos que viajan con niños, se han incluido fragmentos de Mónica Rodríguez y Begoña Oro, esta última galardonada con el Cervantes Chico. Incluso el álbum ilustrado tiene su hueco con la obra «Anita Curiosidad» de Lola Llatas y Patri de Pedro.

Homenajes y aniversarios de grandes clásicos
Más allá de la actualidad, «Libros a la Calle» aprovecha sus láminas para recordar a figuras que marcaron la historia de nuestra literatura. Este año es especialmente significativo, ya que se conmemoran los 150 años del nacimiento de Antonio Machado y el primer centenario de la publicación de «Marinero en tierra», la obra maestra de Rafael Alberti.
Asimismo, la campaña rinde tributo a autores que nos dejaron en el último año, como Julia Uceda y Rosa Regàs, y celebra el centenario del nacimiento de firmas tan queridas como Carmen Martín Gaite y Ana María Matute. Es una forma de mantener vivo el legado de estos escritores en un entorno tan cotidiano como es el trayecto al trabajo o a casa.
El arte visual acompaña a la palabra
Cada fragmento literario no viaja solo; está acompañado por ilustraciones exclusivas creadas por artistas de renombre como Nuria Díez, Pepe Serra o Elena Ferrándiz, entre otros. El objetivo es que la lámina sea atractiva visualmente y ayude a captar la atención del viajero de un solo vistazo.
Para aquellos que se queden con ganas de más tras leer el breve fragmento en el autobús o el tren, cada vinilo incluye un código QR. Al escanearlo con el móvil, el usuario accede a una plataforma digital donde puede profundizar en la historia de la obra, conocer detalles sobre la vida del autor y descubrir el trabajo del ilustrador que ha dado vida al texto.
Madrid, una región que lee por encima de la media
Esta iniciativa forma parte del Plan de Fomento a la Lectura de la región, y los datos parecen respaldar su eficacia. Según recordó José María García durante el acto de presentación, “la Comunidad de Madrid consolida su liderazgo con los mejores índices, con seis puntos por encima de la media nacional el 76,8% de población con este hábito, frente al 70,3% del resto del país”.
La colaboración para hacer realidad esta «biblioteca pública» en movimiento implica a numerosas entidades, desde la Asociación de Editores de Madrid hasta el Consorcio Regional de Transportes, Metro, la EMT y CEDRO.












