Los hospitales públicos de la región darán un nuevo uso a su comida sobrante para ayudar a quienes más lo necesitan gracias a un acuerdo con el Banco de Alimentos. El hospital Gregorio Marañón será el pionero en enero de una iniciativa que se extenderá por toda la red sanitaria madrileña bajo estrictos controles sanitarios.
La gestión de los recursos en los centros sanitarios da un giro social de gran calado. El Servicio Madrileño de Salud ha sellado un compromiso con la Fundación Banco de Alimentos de Madrid para que la comida que no se llega a consumir en los hospitales públicos no termine en la basura. El objetivo principal de este convenio es apoyar a personas que se encuentran en situación de exclusión social, aprovechando excedentes que mantienen toda su calidad.
Esta medida se enmarca dentro de la Ley autonómica de Economía Circular, buscando que el sistema sanitario sea más sostenible y responsable con el entorno. En lugar de desechar alimentos preparados que no han sido utilizados, estos se canalizarán a través de una entidad con larga trayectoria en la ayuda humanitaria, garantizando que el esfuerzo de las cocinas hospitalarias llegue a las mesas de quienes atraviesan dificultades económicas.
El hospital Gregorio Marañón abre el camino en enero
El despliegue de este proyecto no se hará esperar. El Hospital Gregorio Marañón será el primero en poner en marcha esta donación altruista a partir del próximo mes de enero de 2026. Actualmente, el complejo sanitario ya se encuentra trabajando codo con codo con los responsables de la ONG para ajustar todos los detalles técnicos y organizativos necesarios.
La elección de este hospital como punto de partida servirá de modelo para el resto de la región. Se están tramitando los protocolos específicos para la manipulación de los productos desde su origen, un paso fundamental para asegurar que todo el proceso sea transparente y seguro. Una vez que el sistema esté rodado en el Marañón, el plan es que el resto de los hospitales públicos de la red madrileña se sumen de forma progresiva a esta red de donaciones.
Seguridad alimentaria y trazabilidad garantizada
Uno de los puntos que más se ha cuidado en la firma de este convenio es la seguridad de los alimentos. Para que la comida pueda ser donada, debe cumplir con estrictas condiciones higiénico-sanitarias que no admiten excepciones. Esto incluye una vigilancia total sobre la trazabilidad de cada plato, permitiendo saber exactamente cómo se ha elaborado y manejado desde el primer momento.
El traslado de la comida se realizará siguiendo protocolos profesionales de logística. El acuerdo estipula que se deben utilizar medios de transporte, almacenamiento y refrigeración adecuados para que los excedentes mantengan una conservación óptima hasta el momento de la entrega. Solo así se puede asegurar que la ayuda llegue en perfectas condiciones de consumo a las entidades sociales que la distribuyen.

Calidad nutricional bajo supervisión médica
Los vecinos pueden estar seguros de que la comida donada es de la máxima calidad. Los alimentos que salen de los hospitales públicos madrileños están sometidos a estrictos controles de seguridad alimentaria de forma constante. Además, no se trata solo de comida segura, sino de menús diseñados bajo criterios médicos.
Las dietas que preparan los equipos de cocina de estos centros se elaboran siguiendo las recomendaciones nutricionales de especialistas en endocrinología. Por tanto, los excedentes que se entregarán al Banco de Alimentos son comidas equilibradas y saludables, elaboradas con ingredientes seleccionados para pacientes, lo que garantiza un valor nutricional muy superior al de muchos productos procesados.
Logística de proximidad para mayor eficiencia
Para que el sistema sea realmente eficaz y los alimentos lleguen frescos, el reparto se organizará siguiendo criterios de proximidad geográfica. La idea es que cada hospital público colabore con entidades y delegaciones del Banco de Alimentos que se encuentren en su misma zona o barrio.












