¿Cuánta agua consume realmente la inteligencia artificial?

La mayor parte del impacto ambiental de la inteligencia artificial está vinculada a los centros de datos. Estos edificios albergan miles de servidores que almacenan información, entrenan algoritmos y ejecutan procesos en tiempo real, todo protegido con avanzadas medidas de ciberseguridad. Aunque solo existen unos pocos miles en el mundo, ya consumen alrededor del 1% de la electricidad global y generan una huella de carbono similar.

Pero lo que muchos desconocen es que estos centros requieren enormes cantidades de agua para refrigerar sus equipos. El calor generado por los servidores reduce su eficiencia y acorta su vida útil, por lo que se necesita enfriarlos constantemente mediante la evaporación de agua. Además, la producción de electricidad en centrales térmicas y nucleares, que alimentan estos centros, también depende de evaporar agua para generar frío.

El impacto de cada interacción con la IA

Aunque faltan estudios específicos, algunos datos revelan la magnitud del consumo hídrico. Por ejemplo, se estima que el entrenamiento de un modelo de lenguaje como ChatGPT utiliza millones de litros de agua solo para refrigeración. Por cada veinte respuestas que ofrece esta herramienta, se consume aproximadamente un litro de agua. Si multiplicamos esto por las millones de consultas diarias, el consumo de agua es enorme.

La huella hídrica en la construcción y mantenimiento

No solo el uso diario consume agua. La fabricación de los chips que contienen los servidores también tiene un alto coste hídrico: cada chip requiere unos 8.000 litros de agua en promedio. A esto se suman otros usos habituales en un centro de datos, como el agua para los empleados, la limpieza, la calefacción y el riego de jardines.

¿Cómo reducir el consumo de agua en la IA?

Existen varias estrategias para mitigar este consumo. Una de ellas es la optimización geográfica, situando los centros en zonas con climas húmedos y acceso a energías renovables como la hidroeléctrica. También se recomienda dispersar las instalaciones para evitar la acumulación de calor y mejorar la eficiencia hídrica de los sistemas.

Además, la regulación y la transparencia son claves. Es necesario que la legislación incluya incentivos para que las empresas reduzcan su consumo de agua y que se establezcan multas o costes progresivos en caso de abusos. El desarrollo de etiquetas o sellos que certifiquen un uso responsable del agua podría fomentar mejores prácticas en el sector tecnológico.

Paula de Marcos Aragón
Paula de Marcos Aragónhttp://www.cronicanorte.es
Paula de Marcos Aragón, periodista, licenciada en Ciencias de la Información y vecina de Algete. Es redactora en Crónica Norte desde 2021.

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