El centro sanitario público de la Comunidad de Madrid ha hecho posible que Pilar, de 61 años e ingresada desde marzo, pudiera despedirse de sus dos perras en la terraza del hospital. Una iniciativa que forma parte del nuevo protocolo de visitas de mascotas aprobado por el centro.
Pilar tiene 61 años, vive sola en una casa en el campo y desde el pasado 25 de marzo permanece ingresada en el Hospital Universitario Infanta Sofía, en San Sebastián de los Reyes. El diagnóstico que la mantiene entre esas cuatro paredes es un proceso oncológico avanzado que, de momento, no le ha permitido volver a casa. Con ella no están sus perras, las compañeras de vida con las que comparte su día a día. O al menos, no estaban hasta hace unos días.
Desde que ingresó, los animales han estado al cuidado de sus familiares. Y aunque la familia ha estado presente, Pilar tenía un deseo muy claro: volver a ver a sus dos perras. Un deseo que, gracias al equipo de cuidados paliativos del hospital y a un protocolo recién aprobado por el centro, se ha hecho realidad.
Un protocolo que abre la puerta a las mascotas
El Hospital Infanta Sofía ha puesto en marcha recientemente un protocolo que permite, en determinados casos, la visita de animales de compañía dentro de las instalaciones del centro. La condición principal es que dicha visita represente un beneficio real para el paciente, tanto en su bienestar físico como en su estado de ánimo.

La visita, en la terraza del hospital
El encuentro tuvo lugar en la terraza de la Torre 4 del centro sanitario, un espacio que permitió que la visita se desarrollara en un ambiente más abierto y tranquilo. Junto a sus perras, también estuvo presente su familia.
Las propias palabras de Pilar lo dicen todo: «Ha sido el momento más feliz desde hace meses.» Una frase sencilla, pero que resume el significado que tuvo ese reencuentro para ella.
La importancia este tipo de iniciativas
Los profesionales que trabajan con pacientes en cuidados paliativos llevan tiempo reivindicando la importancia de atender no solo el dolor físico, sino también las necesidades emocionales de quienes atraviesan las etapas más difíciles de una enfermedad. Y en ese contexto, poder cumplir los deseos de un paciente —por pequeños que parezcan— marca una diferencia enorme.
La doctora Araceli Sánchez, responsable del equipo de Paliativos del hospital, lo explica con claridad: este tipo de acciones sirven «no solo para aliviar el dolor físico sino para dar cumplimiento al deseo de un paciente plenamente consciente de su final de vida que quería despedirse de sus mascotas».
Las mascotas, aliadas del bienestar emocional
Aunque el debate sobre la presencia de animales en entornos hospitalarios todavía no está del todo cerrado, cada vez hay más evidencia de que el vínculo entre una persona y su mascota tiene efectos positivos sobre el estado de ánimo, la ansiedad y la sensación de soledad.
El protocolo aprobado por el Hospital Infanta Sofía tiene en cuenta precisamente ese factor: no se trata de abrir las puertas indiscriminadamente, sino de identificar aquellos casos en los que la presencia del animal pueda suponer un apoyo real para el paciente, y actuar en consecuencia con criterio clínico y humano.
El deseo de Pilar de despedirse de sus perras, y el esfuerzo del hospital por hacerlo posible, es un recordatorio de que en la medicina, como en la vida, los gestos aparentemente pequeños pueden tener un peso enorme.












