Un equipo de científicos de la Comunidad de Madrid ha confirmado que los neandertales de Pinilla del Valle mantenían una tradición cultural única en Europa basada en la acumulación de cráneos de grandes animales. El estudio, publicado en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, revela que estos grupos regresaron de forma reiterada a la Cueva Des-Cubierta para depositar restos de fauna durante generaciones.
Los trabajos de investigación en el yacimiento de El Valle de los Neandertales han dado un paso de gigante para comprender cómo vivían y pensaban estos antiguos pobladores de la Sierra de Madrid. Según los datos más recientes, los neandertales que habitaron la zona de Pinilla del Valle no solo eran cazadores expertos, sino que desarrollaron una práctica cultural compleja que se mantuvo viva a lo largo del tiempo.
Este comportamiento consistía en la acumulación intencionada de cráneos de grandes herbívoros. Lo que hace este hallazgo excepcional es que no se trata de un simple depósito de basura o restos de comida, sino de una actividad con un fuerte componente simbólico. Los investigadores interpretan este espacio, concretamente la Cueva Des-Cubierta, como un santuario de caza, el único de estas características que se ha documentado hasta la fecha en todo el continente europeo.
El secreto de los cráneos de animales
La base de esta investigación se remonta a hitos previos que han ido construyendo el puzle de nuestra prehistoria regional. En el año 2023, el equipo ya sorprendió a la comunidad científica internacional al publicar en Nature Human Behaviour el descubrimiento de una colección extraordinaria de restos. Entre las piezas halladas destacaban cráneos de animales de gran envergadura como bisontes, uros, ciervos y rinocerontes.
El nuevo estudio profundiza ahora en cómo se formó este depósito. Gracias a la combinación de análisis espaciales y la reconstrucción minuciosa de los cráneos, se ha podido determinar que la acumulación no fue un evento puntual. Al contrario, fue una práctica reiterada en la que los grupos humanos visitaban la cueva de forma periódica para depositar estos elementos, alternando su presencia con los derrumbes naturales del techo de la cavidad.
Supervivencia en la alta montaña
Los hechos descritos por los científicos nos trasladan a una época muy distinta a la actual. Estos rituales tuvieron lugar durante una fase fría del Pleistoceno superior, hace un periodo comprendido entre los 70.000 y los 50.000 años. En aquel entonces, el entorno de Pinilla del Valle era un paisaje de alta montaña donde las condiciones de vida eran extremadamente duras.
Para contextualizar estos hallazgos, en 2025 se realizó un estudio geológico detallado que analizó la formación del yacimiento. Este trabajo, liderado por el geólogo David Manuel Martín-Perea, proporcionó el marco de sedimentos necesario para entender cómo se habían conservado estos restos de manera tan excepcional a lo largo de los milenios. Sin este análisis del terreno, no habría sido posible confirmar la intencionalidad humana detrás de la colocación de los cráneos.
Un equipo de referencia internacional
La investigación actual ha sido liderada por Lucía Villaescusa, investigadora de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH). El proyecto cuenta con la dirección de figuras de gran prestigio en el ámbito de la arqueología y la paleontología española, como Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid (MARPA); Juan Luis Arsuaga, catedrático de la Universidad Complutense y codirector de Atapuerca; y el catedrático de Geología Alfredo Pérez-González.
Desde que las excavaciones comenzaran de forma continuada en el año 2002, El Valle de los Neandertales se ha convertido en un referente mundial. El trabajo constante en este enclave madrileño está permitiendo reescribir la historia de los neandertales, demostrando que poseían una capacidad de pensamiento abstracto y una organización social mucho más avanzada de lo que se creía tradicionalmente









