‘Las calles de Madrid’: El libro póstumo de Víctor de la Serna que redescubre la historia secreta de la capital

Hubo un periodista que lo tocó casi todo: el baloncesto, la política internacional, la gastronomía y, por encima de todo, el vino. Sin embargo, su mirada nunca dejó de volverse hacia las aceras de su propio barrio. Víctor de la Serna Arenillas —cofundador de El Mundo y primer español graduado en Periodismo por la Universidad de Columbia— dedicó los últimos años de su vida a recorrer Madrid calle a calle. Un diálogo literario e histórico, casi un siglo después, con el clásico cronista Pedro de Répide. Hoy conversamos con su hija, la también periodista Cecilia de la Serna, a propósito de la publicación del maravilloso libro póstumo Las calles de Madrid (La Esfera de los Libros), un paseo por la historia y la memoria viva de una ciudad inabarcable.

Un artesano del oficio en el asfalto madrileño

Crónica Norte: Cecilia, este libro tiene una doble cara. Por un lado, es un homenaje evidente a la trayectoria de tu padre, un hombre poliédrico e inabarcable con el que compartí la pasión por el mundo del vino. Por otro, es una delicia para cualquier lector que quiera descubrir las curiosidades de Madrid a través de su prosa. Con todo el peso de la tradición familiar periodística que cargaba, ¿esa herencia le influía como una obligación o realmente disfrutaba de su oficio como un enano?

Cecilia de la Serna: Él disfrutaba de su oficio como un enano. Hasta el último de sus días escribió y publicó sobre todos los temas que has mencionado y muchos más. Es verdad que Las calles de Madrid es una serie que emprendió en los últimos tres años de su vida a raíz de querer rendir homenaje a Pedro de Répide. Pero antes de eso escribió sobre infinidad de cosas y siempre lo hacía con una tremenda pasión.

A mi padre le gustaba hablar del periodismo como un «oficio» más que como una profesión; lo veía casi como el trabajo de un artesano. Era su gran pasión, algo que heredamos sus hijos. Con 77 años, cuando ya podía estar más que jubilado, seguía publicando cada día en el periódico que ayudó a fundar, El Mundo, ya fuera una crónica de baloncesto, una columna de opinión o una crítica gastronómica.

El «disfrutón» tecnológico

Crónica Norte: Además de un trabajador incansable, era un auténtico «disfrutón». Recuerdo haberle visto en un documental sobre Rioja participando en una cata histórica en la bodega de Marqués de Riscal, catando vinos de hace cien años.

Cecilia de la Serna: ¡Hacía tantas cosas que yo misma no lo sabía todo! También participó, por ejemplo, en un documental sobre Alfredo Graus, el creador del famoso restaurante Alfredo’s Barbacoa, para hablar de ese Madrid histórico de los restaurantes tradicionales. Tuvo la gran suerte de poder convertir sus pasiones en su modo de vida, que era el periodismo.

Crónica Norte: Tenía una formación privilegiada —estudió en Suiza, hablaba francés, alemán e italiano, y pasó por la Universidad de Columbia—, pero se sentía un artesano de la letra. Eso reconcilia mucho con la profesión.

Cecilia de la Serna: Él defendía firmemente esa idea. De hecho, era un detractor absoluto de la idea de colegiar a los periodistas. Sostenía que cualquiera podía ser periodista siempre y cuando tuviera esa pulsión, esa ética deontológica y supiera contar historias. Es verdad que tuvo una formación privilegiada; estudiar en Columbia en los años setenta no era nada común en España. Pero él combinaba ambas cosas y tenía muy integrada la idea del periodista artesano.

Un lazo de sangre con la historia de Madrid

Crónica Norte: Tengo entendido que trabajó unos años en Norteamérica como corresponsal del diario Informaciones. Después regresó a Madrid. ¿Cómo era en su vida más particular? ¿Lograba desconectar alguna vez de la trepidación del periodismo?

Cecilia de la Serna: Es que no desconectaba del periodismo. Eso fue una bendición para él, aunque cuando éramos pequeños significara tener un padre ausente, como tantos padres de los años ochenta y noventa. Trabajaba muchísimo, casi no se tomaba vacaciones. Yo nací en 1991, cuando el periódico ya se había fundado, así que nunca conocí a mi padre haciendo otra cosa que no fuera ser periodista de El Mundo.

Aun así, nos inculcó el amor por la cultura, los idiomas, los viajes, la gastronomía y el vino. De hecho, yo soy periodista inspirada por el amor que él le tenía a su oficio. Era un hombre que integraba su trabajo en su vida. Cuando le interesaba el baloncesto o el vino, aprovechaba que «el Pisuerga pasa por Valladolid» y escribía sobre ello. Además, fue un pionero absoluto en lo digital; impulsó el portal El Mundo Vino cuando la prensa generalista ni se planteaba tener portales especializados en internet. Mi padre era muy tecnológico; jamás le vi escribir a máquina, siempre estaba pegado a un ordenador o a aquellos primeros teléfonos móviles gigantescos de los noventa.

Crónica Norte: Hablemos del libro. Nace de sus artículos semanales en el suplemento Gran Madrid. ¿Existía realmente una relación familiar con el cronista Pedro de Répide?

Cecilia de la Serna: Sí, existía una relación familiar lejana. En casa siempre se hablaba del «tío Pedro», aunque no hemos logrado establecer el parentesco exacto. Él mismo lo contó en el primer artículo de la serie, el dedicado a la calle José Abascal. Estaba emparentado con Répide por la rama paterna de los De la Serna. Aunque no llegó a coincidir con él, conocía perfectamente el callejero que Répide dejó escrito para la posteridad en los años veinte del siglo pasado gracias a ese lazo familiar.

De Chamberí al corazón del lector

Crónica Norte: ¿Cómo fue el proceso de recopilación tras su repentino fallecimiento en 2024?

Cecilia de la Serna: Él falleció de un infarto en la propia puerta del periódico, lo que no deja de ser la mayor alegoría de su amor por este oficio. Tras su pérdida, la familia pensó qué escritos suyos podían dar forma a un libro que tuviera un carácter atemporal, más allá de la urgencia de la prensa diaria. Así dimos con la serie de las calles de Madrid, que tiene un valor documental y cultural inmenso. Nos pusimos manos a la obra con La Esfera de los Libros y yo me encargué de coordinar el proyecto y escribir el prólogo. Han sido unos seis meses de edición, ilustración y diseño. Eso sí, no hubo que corregir mucho: los que conocían a mi padre saben que era tan pulcro que resultaba casi imposible encontrarle una errata.

Crónica Norte: En el libro se rescatan anécdotas de calles que incluso los propios vecinos desconocen. ¿Tenía algún barrio favorito?

Cecilia de la Serna: Chamberí era, sin duda, su barrio. Nació allí, en la clínica de La Milagrosa, en la calle Modesto Lafuente. Aunque se marchó a Ginebra y a Nueva York, y luego pasó una breve temporada en Chamartín, enseguida regresó a Chamberí. Ha sido el barrio de mi familia toda la vida.

Este libro es un recorrido por la transformación sociocultural de Madrid en los últimos cien años, pero también es un viaje al corazón de mi padre, un periodista íntimamente ligado a su ciudad. Retrata todo Madrid con el mismo cariño. Al principio pensamos en hacer una selección de calles, pero la editorial nos propuso incluirlas todas aunque el volumen fuera más grueso. Son 130 calles en total y 478 páginas repletas de historias. Hay ausencias sonadas, como el Paseo de la Castellana, imagino que porque no le dio tiempo a reseñarlo antes de morir, pero la esencia de la ciudad está ahí.

Una guía indispensable para pasear sin rumbo

Crónica Norte: ¿Hay alguna anécdota favorita que puedas adelantarnos?

Cecilia de la Serna: Me gusta mucho la de la calle Hortaleza. Habla de un convento por el que, según dejó escrito mi padre, «en cuatro siglos han desfilado meretrices, monjas, sindicalistas y okupas de lo más madrileño». Ese tipo de detalles, combinados con pinceladas de su propia vida —como su nacimiento en Modesto Lafuente o su boda en las Salesas—, hacen que el libro sea único.

Crónica Norte: Una joya absoluta. ¿A quién se lo recomendarías?

Cecilia de la Serna: Se lo recomendaría a cualquiera que visite Madrid, pero sobre todo a quienes quieran descubrir la ciudad de una manera distinta. No hay un orden obligatorio, no es un itinerario del punto A al punto B. Las calles están ordenadas cronológicamente según se publicaron los artículos, desde José Abascal hasta Mesonero Romanos. Uno puede abrir el libro por cualquier página y sorprenderse. Es el compañero perfecto para guardarse en la chaqueta, salir a pasear sin rumbo fijo y, al cruzar una esquina, abrirlo para ver qué contaba Víctor de la Serna sobre ese rincón de la ciudad.

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Angel Sánchez Carbonell
Angel Sánchez Carbonell
Ángel Sánchez Carbonell - Director de Crónica Norte. Desde hace 37 años dedicado profesionalmente a la información y entretenimiento (TVE, Onda Cero, Tele Cinco, COPE...) Pero ante todo: un enamorado de la geografía de la península Ibérica. Montañero y apasionado por el mundo del vino, Miembro de la Unión Española de Catadores. Cuando la vida me lo permite señalizo caminos naturales como Técnico de Senderos de la Escuela Española de Alta Montaña. (EEAM) Pero sobre todo me pierdo por ellos...

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