Por cada diez patentes presentadas por hombres, apenas hay una solicitada por una mujer. Aunque el porcentaje mejora en las solicitudes con varios inventores, la brecha se mantiene ya sean datos de España o globales.

Ahora, un estudio con casi 2,8 millones de patentes va más allá y muestra que las firmadas por una mujer o equipos de mayoría femenina tiene menos probabilidades de ser concedidas.
El sesgo se reproduce en otras métricas, como las reclamaciones aceptadas. Incluso, una vez aprobadas, son menos citadas y tienden a ser menos renovadas. Y todo por llevar un nombre de mujer.
Un trabajo, publicado en Nature Biotechnology, valoró las más diversas métricas de cada patente: si era aprobada o no, el tipo de invento o utilidad patentados, si la apelaron en caso de un rechazo inicial, el tiempo que eran mantenidas y si eran renovadas, las citaciones que recibieron en patentes posteriores y hasta la cantidad de palabras de la patente o si su revisión por los funcionarios de la USPTO fue presencial o telemática.
«De todas las métricas, en la única en la que no encontramos una diferencia significativa fue en la rapidez en la que la oficina de patentes trató las solicitudes de inventoras e inventores», dice el profesor de la escuela de gestión de Yale y coautor del estudio, Balázs Kovács. En el resto de variables, las patentes con nombre de mujer salen peor paradas. Así, las solicitudes femeninas resultaron tener un 21% menos de probabilidades de ser concedidas. Con todo lo demás igual, las patentes solicitadas por grupos formados en su mayoría por mujeres tenían un 2,5% de menos opciones de ser apeladas si eran rechazadas.

4,3% menos de probabilidades de ser mantenidas
Otros datos siguen el mismo sesgo: las patentes firmadas por mujeres tienen un 4,3% menos de probabilidades de ser mantenidas, es decir, renovadas por sus propietarios cuando estos no son los autores de la invención, como sucede con muchas patentes empresariales. En cuanto a las citaciones en patentes futuras (un indicador de calidad de la patente original), también las de las mujeres salen peor paradas. Incluso en ramas de la ciencia donde la diferencia de género es menor, como en la biotecnología o la medicina, el sesgo se mantiene. Por ejemplo, las patentes relacionadas con las ciencias de la vida firmadas por equipos de científicas, reciben un 28% menos de citaciones.
O las patentes firmadas por mujeres tienden a ser de peor calidad o se trata de otro mecanismo de discriminación. Para demostrar el sesgo contra las mujeres, los autores del estudio idearon un mecanismo que escondiera el género de los firmantes.
Separaron las patentes en cuatro grupos: las firmadas por hombres con nombres comunes, las firmadas por mujeres con nombres también comunes y otros dos grupos, las masculinas y las femeninas, pero con nombres poco habituales para un anglosajón del tipo Jameire o Kunnath. La lógica es simple: si el que examina la solicitud no puede deducir el género del solicitante por el nombre, el sesgo no debería aparecer.
En efecto, los investigadores comprobaron que, a mayor frecuencia de un nombre femenino (es decir más común), mayores eran las probabilidades de que su patente fuera rechazada. Sin embargo, en aquellas solicitudes de mujeres con nombres raros, la diferencia con las de los hombres se redujo hasta el 2,8%. Aún más llamativo es el siguiente dato: comparadas con las de los hombres con apelativos poco frecuentes, las patentes de mujeres con nombre raro son citadas hasta un 20% más a menudo que el promedio de las patentes de inventores masculinos.










