El nuevo curso arranca con medidas pioneras que buscan mejorar el rendimiento educativo, como limitar las pantallas en primaria y reforzar la protección de los alumnos frente al uso temprano de la tecnología. La jornada partida y el programa Patios abiertos completan un paquete de reformas que marcarán el calendario académico 2025/26.
Un arranque de curso con novedades sustanciales
El curso 2025/26 comienza en la Comunidad de Madrid con un giro de calado en la organización de la vida escolar. El Gobierno regional ha puesto en marcha un paquete de medidas que afectan tanto a los contenidos académicos como a los tiempos de permanencia en los colegios. La idea central es clara: reforzar la calidad educativa y proteger a los menores de riesgos cada vez más visibles, como la exposición temprana a las pantallas.
El consejero de Educación, Ciencia y Universidades, Emilio Viciana, fue directo en la presentación: “Pretendemos proteger la preadolescencia y seguir mejorando el rendimiento de los escolares”. No se trata solo de introducir nuevas reglas, sino de rediseñar dinámicas que llevan años debatiéndose en las comunidades educativas.

Secundaria dentro del colegio: continuidad en los dos primeros cursos
Una de las medidas más novedosas es la incorporación progresiva de 1º y 2º de la ESO en 49 colegios públicos de la región. Esto permitirá que los alumnos que acaban 6º de Primaria permanezcan en el mismo centro durante los dos primeros cursos de Secundaria, prolongando la convivencia con sus compañeros y docentes hasta los 13 o 14 años.
El objetivo, según Educación, es garantizar una transición más suave hacia la adolescencia y retrasar la entrada en institutos de mayor tamaño. Detrás de esta decisión hay también una inversión significativa: más de cuatro millones de euros en equipamientos, laboratorios y mobiliario adaptado a la nueva etapa.
¿Será suficiente esta prolongación para mejorar el rendimiento académico? Los expertos consultados señalan que la estabilidad en un entorno conocido puede ser positiva para los alumnos, aunque advierten de la necesidad de reforzar la formación del profesorado y mantener ratios adecuadas para que el cambio no se convierta en una sobrecarga.
La gran batalla: reducir la dependencia digital
Si hay una medida que despierta especial interés es la limitación del uso de dispositivos electrónicos en Infantil y Primaria. La Comunidad de Madrid se convierte en la primera región española que restringe de forma clara el uso individual de tablets, ordenadores o móviles en estas etapas educativas.
Los alumnos no podrán trabajar de manera individual con pantallas, ni siquiera para realizar deberes en casa. Solo se permitirá un uso compartido, supervisado por el profesorado y limitado a entre una y dos horas semanales.
El debate sobre el impacto de la tecnología en la infancia no es nuevo. Diversos estudios han advertido de que el uso temprano e intensivo de pantallas se asocia con déficit de atención, menor capacidad lectora y problemas de socialización. Esta normativa trata de dar respuesta a esa preocupación, aunque su aplicación exigirá cambios profundos en algunos centros que habían apostado por proyectos digitales de uso individual.
En Secundaria, la flexibilidad será mayor: serán los propios colegios e institutos los que definan cómo y cuánto se usan los dispositivos. Sin embargo, los que ya trabajan con el modelo “un alumno, un dispositivo” tendrán hasta el curso 2026/27 para adaptarse.
Jornada partida: ¿solución o retroceso?
Otro de los cambios más sensibles es la recuperación de la jornada partida como norma general en los colegios públicos de Infantil, Primaria y Educación Especial. Las clases volverán a organizarse en dos turnos —mañana y tarde— con un intervalo de dos horas.
Este sistema, vigente durante décadas, había sido sustituido en muchos centros por la jornada continua. Ahora, el Gobierno regional pretende estandarizarlo, aunque con excepciones: los colegios que ya tuvieran jornada continua aprobada podrán mantenerla.
La medida busca mejorar el rendimiento, evitar jornadas demasiado intensas en las mañanas y facilitar la conciliación. “Queremos que los horarios escolares se adapten a las necesidades actuales de las familias y de los alumnos”, explicó Viciana.
No obstante, el debate está servido. Parte de la comunidad educativa considera que la jornada partida puede resultar menos práctica para los hogares en los que ambos progenitores trabajan a jornada completa, alargando los tiempos de transporte y reduciendo la disponibilidad para actividades extraescolares.
Patios abiertos: más allá del ocio, una herramienta de apoyo
Si hay un programa que conecta de lleno con las familias es Patios abiertos. Cerca de 300 colegios de 84 municipios, incluida la capital, abrirán sus patios y bibliotecas por las tardes y en días no lectivos.
Este servicio gratuito no solo ofrece a los escolares un espacio seguro para jugar, practicar deporte o leer, sino que constituye un recurso clave para la conciliación laboral de miles de familias. Los ayuntamientos que se suman al programa reciben apoyo económico del Gobierno regional —4,8 millones de euros— para contratar al personal encargado de la vigilancia y supervisión.
La novedad respecto a cursos anteriores es la mayor amplitud del calendario: los patios podrán abrir desde el 1 de septiembre, en vacaciones de Navidad, Semana Santa y en otras jornadas no lectivas. Esto significa que muchos niños contarán con un espacio educativo abierto incluso cuando el colegio no tenga clases.
Para los padres, supone un alivio frente a la eterna pregunta: ¿qué hacer con los niños en esos días sueltos de calendario?
Un modelo educativo en transición
Las medidas presentadas dibujan un escenario de transición en el sistema educativo madrileño. Por un lado, se prolonga la permanencia en los colegios para reforzar la etapa preadolescente. Por otro, se limita de forma drástica la exposición individual a las pantallas en edades tempranas, en un intento de recuperar un aprendizaje más humano y menos condicionado por lo digital.
A ello se suma la reorganización de horarios y la ampliación de servicios como Patios abiertos, que no solo dan respuesta a la conciliación, sino que convierten a los colegios en espacios de referencia más allá de la jornada lectiva.
El reto, ahora, será comprobar cómo estas medidas se aplican en la práctica, si cumplen su objetivo de mejorar el rendimiento y si logran convencer a familias y docentes de que este nuevo camino es el adecuado.










