Una mirada a cómo las pantallas digitales ampliaron las posibilidades de movimiento, ilustración y diseño de la interfaz en comparación con los rodillos mecánicos fijos y los paneles impresos.
La historia visual de las máquinas tragaperras está muy vinculada al desarrollo tecnológico y a la evolución de las slots. En las primeras décadas, las máquinas tragamonedas tenían tres rodillos en los que aparecían los símbolos. Eran máquinas que funcionaban de forma mecánica, donde los jugadores podían ver los símbolos de juego. En un primer momento las imágenes eran complejas representaciones de naipes, pero a los pocos años se optó por utilizar iconos que mejorasen la visibilidad, la percepción y la identificación de los elementos. Surgen las famosas frutas –ciruelas, cerezas, limones…–, el número 7, el acrónimo BAR, etc.
Un diseño condicionado por el rodillo físico
En los primeros años los rodillos son esenciales y las máquinas dependen completamente de ellos. Los símbolos se imprimían en tiras que luego se colocaban en los rodillos. Los rodillos giraban dejando ver cada uno de los símbolos, pero era en el momento en el que el rodillo se detenía cuando se podía ver el símbolo definitivo en la ventana frontal de la máquina.
En estas condiciones, el tamaño del rodillo marcaba los límites de las imágenes. Cuanto más grande fuese el rodillo, mayor sería su circunferencia y más grandes podrían ser las imágenes que se colocasen en él.
Estas imágenes son estáticas –es el rodillo el que se mueve sobre un eje– y se diseñan de forma reconocible, con colores de alto contraste y sin demasiados detalles.
La imagen de la máquina también dependía de los paneles frontales donde podían aparecer elementos visuales e información relativa a las líneas de pago, el nombre de la empresa que las fabrica o información similar.
Las primeras máquinas tragaperras se componían, a grandes rasgos, de una estructura principal o carcasa, una palanca y tres rodillos.
De la iluminación a los gráficos de última generación
Con la evolución tecnológica, la mecánica dejó paso a la electrónica. Aparecen lámparas que iluminan secciones concretas, resaltan algunas partes o señalan un estado. Las imágenes siguen siendo fijas, pero la iluminación aporta sensación de movimiento. Las máquinas pasan a ser más dinámicas. Dependiendo del momento del juego, las zonas podían estar iluminadas, apagadas o parpadeando.
Y de los componentes electrónicos se pasó a las pantallas de vídeo y la aparición de la imagen en movimiento. Las imágenes dejan de ser estáticas, varían sus tamaños, aparecen en la imagen de la nada, se transforman frente a los usuarios.
Por último, el desarrollo alcanza el punto actual en el que las máquinas tragaperras van desde las imágenes más tradicionales y menos complejas a animaciones y el uso de fragmentos de películas y cinemáticas de última generación. En este nuevo contexto, es necesaria la aparición de elementos que trascienden los símbolos tradicionales. Urge utilizar fondos, aportar imágenes dinámicas con volúmenes y texturas, rotulación, una amplia gama de colores, tipografías… todo en la imagen está destinado a generar un juego temático con un gran empaque visual.
La tecnología sigue avanzando, de modo que solo es cuestión de tiempo que lleguen las siguientes innovaciones en las imágenes de las máquinas tragaperras. Quizá sea la realidad aumentada, quizá la realidad virtual… o puede que ninguna de ellas y sea otra evolución que aún no somos capaces de imaginar. No queda otro remedio que esperar para verlo.








