EDITORIAL: Adaptación a la jaula de cristal digital y globalista

Ángel Sánchez, Editor de Crónica Norte.

Amanecemos en este 2026 no con el rocío de la esperanza, sino con la escarcha de un realismo cínico que se ha instalado en las instituciones como el moho en una bodega mal ventilada. Si el periodismo es el borrador de la historia, lo que estamos escribiendo hoy en  Crónica Norte es el relato de un asedio. No es un ataque con catapultas, sino una demolición controlada de la soberanía nacional e individual, ejecutada con la precisión de un algoritmo y la frialdad de un burócrata de Bruselas o la marioneta «globalista» de Madrid (que hay muchas). El ciudadano de a pie, ese que todavía cree que el asfalto que pisa le pertenece, se ha convertido en el plato principal de un banquete al que ni siquiera ha sido invitado, más bien es la víctima a sacrificar y devorar.

Maquinaria fiscal y analfabetos al frente de las instituciones

El año ha comenzado con el rugido de una maquinaria fiscal que no conoce límites y tristemente continua con desastre mortal de un accidente ferroviario que por mucho que digan que no politicemos no deja de ser producto de muchos años de falta de inversiones reales, de falta de amor hacia lo que construimos todos y también como no producto de la corrupción y el pillaje de unos y otros. España, sumergida en un ambiente de corrupción que ya no solo mancha los titulares, sino que empapa los cimientos del Estado y genera ruina y muerte. Los gobiernos parecen haber decidido que la mejor forma de ocultar el hedor es quemar el dinero del contribuyente. La inminente subida de los peajes en este 2026 es la enésima puñalada a la movilidad, esa obsesión por eliminar tu coche de la faz de la tierra (léase España) que personaliza de manera burda, analfabeta e insultante el Director de la DGT

A esta sangría se suma la imposición de la baliza V16. Nos obligan a instalar un faro de geolocalización bajo el disfraz de la seguridad vial, cuando en realidad es un grillete digital que se ha mostrado ya ineficaz y ridículo, además de peligroso. Mientras tanto, las tasas de basuras suben como la espuma, obligándonos a pagar por la necesidad de depositar unos residuos que ellos mismos generan con su obsesión por envolver todo en plástico, un sistema que además de robarnos nos trata como basura.

El ataque a la agricultura y a la soberanía alimentaria

Si miramos hacia nuestros campos, el paisaje es desolador. Los agricultores de España, Francia, Alemania e Italia han sacado los tractores no para labrar, sino para defenderse de una “religión verde” que hace muchos años ha perdido el norte de la lógica. Ahora la estocada final a nuestra soberanía alimentaria y a la agricultura patria La ejecuta sin duda la Unión Europea con el tratado del Mercosur, que envenenara nuestros platos y arruinara a nuestro país. Nuestros agricultores han estado durante décadas cumpliendo con mil y una garantías sanitarias, cuadernos de campo digitales y sacrificios químicos que encarecen el producto hasta lo inviable, pero garantizaban un producto sin disruptivos endocrinos… en un ejercicio de hipocresía que bordea lo criminal, esa misma Europa abre el portón trasero al Mercosur y a terceros países. Permiten la entrada de productos que no han visto una inspección sanitaria en su vida, y muy pronto la fruta, hortalizas, carnes y verduras que van a servirnos en los supermercados estarán llenas de veneno.

Una sociedad cómplice del desastre

Esa gente que cree que el colapso de una nación ocurre de un día para otro o cada 4 años cuando se cambia al títere que instalan en el palacio de la Moncloa. Esa gente es, sin duda, gran parte del problema… son los borregos que dicen eso de: «que le vamos a hacer» o se ufanan 6 meses antes en comprar una baliza por miedo, son siervos de la televisión y el relato único. La destrucción de una nación, de una sociedad, es un proceso muy lento, estructural, que siempre es precedido por la aceptación de todos los hechos como algo normal (síndrome de la rana hervida) y pura ventana de «Overton»

Finalmente, aterrizamos en la realidad local de nuestro Norte de Madrid. Aquí, el surrealismo alcanza su zenit. Los problemas de transporte son ya cicatrices crónicas en el territorio: trenes que son quimeras y autobuses que parecen seguir horarios de ficción. En lugar de soluciones, la administración nos ofrece persecución. Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) son el nuevo látigo para el conductor del norte, aquel que no tiene otra opción que el coche para cruzar una red de transporte público deficitaria. Se persigue al vehículo por su etiqueta, ignorando que detrás del volante hay un trabajador que no puede permitirse el capricho de un coche eléctrico de 40.000 euros.

Angel Sánchez Carbonell
Angel Sánchez Carbonell
Ángel Sánchez Carbonell - Director de Crónica Norte. Desde hace 37 años dedicado profesionalmente a la información y entretenimiento (TVE, Onda Cero, Tele Cinco, COPE...) Pero ante todo: un enamorado de la geografía de la península Ibérica. Montañero y apasionado por la enología y el mundo del vino, Miembro de la Unión Española de Catadores. Cuando la vida me lo permite señalizo caminos naturales como Técnico de Senderos de la Escuela Española de Alta Montaña. (EEAM) Pero sobre todo me pierdo por ellos...

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