La Guardia Civil ha desarticulado una red criminal dedicada al cultivo de marihuana en Manzanares el Real y Hormigos, con un total de ocho detenidos y la incautación de cientos de plantas y cogollos secos. Los implicados enfrentan cargos por tráfico de drogas, pertenencia a organización criminal y defraudación de fluido eléctrico tras registrarse tres viviendas utilizadas como centros de producción.
La tranquilidad de la Sierra de Madrid y de la vecina provincia de Toledo se ha visto sacudida por una reciente intervención de la Guardia Civil de la Comandancia de Madrid. Tras semanas de sospechas y una meticulosa investigación, los agentes han logrado desmantelar un grupo organizado que operaba en la sombra, utilizando viviendas particulares para el cultivo de marihuana «in door».
La operación se saldó con la detención de ocho personas, mientras que una novena se encuentra actualmente bajo investigación. El operativo ha permitido limpiar de sustancias ilegales tres inmuebles que funcionaban como auténticas fábricas de estupefacientes a pleno rendimiento, afectando directamente a la seguridad y convivencia de los municipios de Manzanares el Real y Hormigos.
Una investigación que nació de la sospecha vecinal
El inicio de este caso se remonta al momento en que la Guardia Civil recibió las primeras informaciones sobre la posible existencia de una plantación en el interior de un inmueble en Manzanares el Real. Lo que en principio parecía un punto aislado de producción terminó revelando un entramado mucho más complejo.
A medida que las indagaciones avanzaban, los agentes de la Comandancia de Madrid descubrieron que no se trataba de una sola vivienda, sino que existían indicios de una segunda plantación en la misma localidad madrileña y una tercera situada en el municipio de Hormigos, en la provincia de Toledo.
El resultado de los registros en los inmuebles
Una vez que se obtuvo la pertinente autorización judicial, las fuerzas de seguridad procedieron a la entrada y registro simultáneo de los tres domicilios identificados. El escenario que encontraron los agentes confirmó las sospechas iniciales: instalaciones profesionales diseñadas para maximizar el crecimiento de la droga.
En total, se han intervenido 836 plantas de marihuana en diferentes fases de crecimiento, además de 7,9 kilos de cogollos secos listos para su distribución y tres sacos con restos de sustancias estupefacientes.
La estructura jerárquica de la banda criminal
La investigación no solo se limitó a la incautación de la droga, sino que buscó desmantelar la estructura humana que sostenía el negocio ilícito. Según los datos facilitados, la organización contaba con una jerarquía claramente definida para asegurar que las plantaciones funcionaran de manera ininterrumpida.
Entre los ocho detenidos, se ha logrado identificar y capturar a los tres cabecillas que dirigían las operaciones y tomaban las decisiones estratégicas. Por debajo de ellos se encontraban otras cinco personas que cumplían roles operativos específicos, encargándose del mantenimiento, cultivo y vigilancia de las plantas en cada una de las casas.
Delitos que van más allá del tráfico de drogas
Los implicados no solo se enfrentan a penas por un delito contra la salud pública derivado del cultivo de sustancias prohibidas. La investigación ha revelado que, como suele ser habitual en este tipo de instalaciones de interior, la organización utilizaba métodos ilegales para alimentar los potentes sistemas de iluminación y ventilación necesarios para el crecimiento rápido de las plantas.
Por este motivo, a los detenidos se les imputan también delitos por defraudación de fluido eléctrico. El uso de enganches ilegales a la red eléctrica no solo supone un perjuicio económico, sino que genera un riesgo real de incendios para el resto de los vecinos debido a las sobrecargas en las instalaciones. Finalmente, se les acusa de pertenencia a organización criminal, al quedar demostrada la coordinación y estructura del grupo.








