El Ministerio de Transportes anuncia un proyecto de integración urbana en la A-1A con carriles bici, glorietas y zonas verdes. Pero vecinos y usuarios de la zona norte siguen esperando desde hace años una ampliación de la A-1 que nunca llega.
Un proyecto interesante para El Molar
El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha dado luz verde a una inversión de casi 11 millones de euros para transformar un tramo de 4,6 kilómetros de la A-1A a su paso por El Molar y Pedrezuela. El objetivo oficial: convertir esta vía en un espacio más amable para peatones y ciclistas, mejor integrado en el entorno urbano de estos municipios del norte de la Comunidad de Madrid.
La obra, financiada con fondos europeos NextGenerationEU, incluye un carril bici continuo, un bulevar peatonal de más de tres kilómetros, nuevas paradas de autobús y zonas ajardinadas. También se construirán cuatro glorietas y se instalará nueva iluminación en todo el tramo.
Todo suena bien. El proyecto apuesta por una movilidad más sostenible y por reconectar la infraestructura con los municipios que atraviesa. Sin embargo, no son pocos los vecinos que se preguntan si esta actuación no es, en realidad, una distracción frente a una demanda mucho más urgente: la histórica y repetida ampliación de la A-1, una de las vías más congestionadas del norte de Madrid.
Una transformación estética… ¿Pero suficiente?
El plan contempla el reacondicionamiento de la carretera entre los puntos kilométricos 40,9 y 45,5. Según el Ministerio, se trata de una actuación “para promover su integración urbana y fomentar una movilidad sostenible, activa y segura”.
Para ello, se construirá un carril bici a lo largo de todo el tramo y un bulevar peatonal de 3,2 kilómetros con hasta 8 metros de anchura. El resto de la vía se ajardinará, buscando suavizar la presencia del asfalto en el entorno urbano.
Además, se instalarán tres nuevas paradas de autobús por sentido, se mejorará la iluminación y se reforzará el firme. También se ejecutarán obras complementarias para reordenar accesos y enlaces, incluyendo cuatro nuevas glorietas que sustituirán cruces conflictivos.
Una vez finalizadas las obras, está previsto que este tramo de la A-1A pase a titularidad municipal, cumpliendo con la Orden TMA/1160/2021, lo que permitirá a los ayuntamientos tener mayor control sobre su mantenimiento y uso.
Una inversión que llega… mientras otras no
Aunque el proyecto ha sido recibido con interés por parte de los gobiernos locales, no son pocas las voces que consideran que esta intervención, por necesaria que sea, resulta insuficiente frente a los problemas estructurales que arrastra la A-1 desde hace décadas.
La promesa de una ampliación integral de esta autovía –especialmente en los tramos más cercanos a la capital– sigue sin materializarse, pese a que cada día miles de conductores sufren atascos, accesos colapsados y falta de alternativas eficaces de transporte público.
Los 10,99 millones que ahora se destinan a mejorar un pequeño tramo urbano contrastan con el silencio sobre cuándo llegarán las grandes infraestructuras que se vienen prometiendo desde hace más de veinte años.
Sostenibilidad… pero sin olvidar las necesidades reales
El uso de los fondos europeos NextGenerationEU en este tipo de actuaciones responde a una lógica clara: adaptar la movilidad a criterios medioambientales, reducir el tráfico de vehículos privados y fomentar modos de transporte no contaminantes. Sin embargo, es legítimo preguntarse si estas actuaciones llegan a cubrir las verdaderas demandas del territorio.
Porque más allá del carril bici y del bulevar, la realidad diaria para muchos vecinos sigue siendo la misma: carreteras colapsadas, acceso limitado al transporte público interurbano y una dependencia total del coche para trabajar, estudiar o acudir a servicios sanitarios.
En este contexto, proyectos como el ahora anunciado, aunque bien intencionados y visualmente atractivos, pueden generar la sensación de que se está parcheando un problema mayor sin ofrecer soluciones a largo plazo.
¿Un paso en la buena dirección o una distracción política?
La decisión del Ministerio de Transportes se inscribe en una estrategia más amplia de cesión de tramos urbanos de la red estatal a los ayuntamientos. Pero la forma y el momento en que se ha comunicado el proyecto –sin novedades sobre la ampliación de la A-1 ni compromisos claros en ese sentido– han levantado sospechas entre algunos sectores ciudadanos.
“Está muy bien que se piense en los peatones y las bicis”, comenta un vecino de Pedrezuela, “pero llevamos más de quince años esperando que nos den una solución real a los atascos. Esto no lo arregla”.
Y es que la sostenibilidad también pasa por atender las verdaderas prioridades del territorio. Los nuevos bulevares pueden embellecer la travesía, pero no aliviarán el atasco de cada mañana.